
El loco que adoraba pintar girasoles. Se trata de Vincent van Gogh, el holandes que a mi parecer, pintaba porque simplemente no podia vivir sin hacerlo, nada más irrelevante que eso.
Una vez, fui a caminar por una calle un tanto bohemia de Lima, donde encontré un
tesoro de libros y revistas antiguas. Tirando lente a mi querido Gabito G. Marquez, y algunos libros que me gustaría alguna vez leer, y otros tantos que he leido pero estos minoría grandísima a los primeros, encontré una especie de revista sobre Van Gogh, felizmente tenía tres tristes soles, y me la compré. Ahí encontré un pedacito de la vida de este pintor, que me gustaría compartir:
Llegado Van Gogh a Arles [...] en setiembre alquiló cuatro habitaciones en una casita de la plaza Lamartine, donde soñaba hospedar a otros artistas y dar vida con ellos a una "escuela del Sur" que llevase hasta su límite la experiencia impresionista. El único que aceptó su invitación fue Gauguin. Este llegó a Arles en octubre. Van Gogh le había preparado la mejor habitación, le había reservado la silla más comoda y le recibió con alegría. Los primeros días de su estancia se apoderó de ellos una fiebre de trabajo en común. Pero aquellos dos artistas, con caracteres y propósitos demasiado diferentes, no estaban hechos para entenderse, de modo que pronto surgieron algunas discusiones y estas paulatinamente fueron degenerando en altercados.
Quizá Gauguin sintiera envidia de los progresos realizados en menos de dos años por su amigo más joven que él; o quizá Van Gogh se encerrase en una rigidez incapaz de comprender el egotismo de Gauguin... Una noche, encolerizado por su mordaz contradictor, Van Gogh le arrojó un vaso. En aquella ocasión no le alcanzó, pero días más tarde, el 23 de diciembre, intentó herirle y le persiguió por una calle empuñando una navaja. Gauguin logró ponerse a salvo. Van Gogh regresó a su casa y en el colmo de la exasperación o talvez arrepentido de lo que había intentado, dirigió contra sí mismo la navaja y se cortó la parte inferior de la oreja izquierda. Acompañó esta acción con otras muestras de desequilibrio indudable; envolvió el pedazo de su oreja y se lo llevó a una pupila del burdel. Al día siguiente se marchó Gauguin [...]. Con este episodio se inicia lo que se considera la demencia de Van Gogh: esquizofrenia, epilepsia, alcoholismo...No se sabe exactamente.
Esta historia tambien la contó el mismo Paul Gauguin alguna vez:
"¡Dios mío, qué día! Al atardecer, tras un parvo refrigerio, salí a dar una vuelta. Había casi cruzado la plaza de Victor Hugo cuando escuché tras de mí el sonido familiar de unos pasos, rápidos pero irregulares. Me volví justo en el momento en que Vincent se abalanzaba, con una navaja de afeitar abierta en la mano. La expresión de mi mirada debió ser terrible, pues paré, y bajando la cabeza corrió en dirección a la casa... Alquilé una habitación en el hotel más próximo y pasé allí la noche, donde, lógicamente tenso, tardé en dormirme. Me desperté a las siete y media... encontré un grupo de gente a la puerta de la casa, con varios guardias, y el comisario." "Resulta que Van Gogh, al regresar a casa, inmediatamente se cortó la oreja. Debió tardar bastante en controlar la hemorragia, pues, al día siguiente hallamos varias toallas ensangrentadas por el suelo de las dos habitaciones inferiores. Al encontrarse mejor, con una boina vasca bien ladeada marchó a una casa en la que se puede lograr un encuentro casual, y le dio a la portera la oreja, cuidadosamente lavada y metida en un sobre. "Aquí hay, dijo, un recuerdo mío". Regresó a la casa, se metió en la cama y se durmió... Yacía en el lecho, enteramente cubierto por las mantas, encogido como, un rosco; parecía sin vida. Suave, muy suavemente, toqué su cuerpo, le noté con vida... En voz muy baja le dije al comisario: Por favor, despierte con cuidado a este hombre, y si pregunta por mí diga que me he marchado a París; el verme puede resultar fatal..."
Apasionante, simplemente.

